Ley de Cine, negocio redondo

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Desde hace tiempo vengo preguntándome como es que el Estado dominicano puede caer en tantas políticas contradictorias e incoherentes respecto a la forma en que se diseñan las estrategias económicas y sociales (si es que en realidad hay algún tipo de planeamiento), pero a pesar de todas las barbaridades que uno puede encontrarse en una economía con políticas fiscales regresivas como la nuestra, pocas veces se ve un atraco al erario público como la nefasta Ley 108-10, o mejor conocida como Ley de Cine.

La referida ley fue promulgada en el año 2010, después de años de cabildeo por parte de ¨cineastas¨, y por su puesto, empresarios ligados al ¨cine dominicano¨, quienes lograron que el expresidente Leonel Fernández (el mismo de FUNGLODE), les asegurara con una legislación onerosa, una suculenta porción del dinero público para sus actividades ¨cinematográficas¨de lucro privado.

Desde el año 2013, cuando los empresarios y ¨directores y productores de cine¨criollo entendieron la magnitud del palo que le habían dado al Estado, la cifra en exenciones fiscales ha subido sin el mínimo control estatal, a pesar de la alarma que despertó en la Dirección General de Presupuesto (DIGEPRES), por allá en el año 2015, los más de mil millones que dejaría de percibir el país, y que fueron a parar a manos de empresarios y gente ligada al negociazo del cine dominicano.

Como pocos saben, la Ley de Cine beneficia directa y exclusivamente a las personas jurídicas (empresas), con la deducción del  100% de su inversión en una película o cualquier otro tipo de producción audiovisual, estipulando que esta no sea mayor al 25% del total del impuesto sobre la renta (ISR) del inversionista. Un verdadero negocio redondo!

Si lo expuesto en el párrafo anterior se presta a lo que ya todo sabemos (sobrevaluación de proyectos para pagar menos impuestos y maximizar la inversión del empresario a expensas del Estado), se queda corta ante algunos de los otros beneficios que otorga la ley, como la exención del 100% del valor del ISR a la renta que se capitalice, perteneciente a  productores, distribuidoras de largometrajes dominicanos y exhibidores de películas, es decir, libera de impuestos el dinero que hagan los empresarios con el dinero que debían pagar al Estado, y que invirtieron en una película.

Dejemos de lado por un momento la parte pecunia del asunto, y centrémonos en lo concerniente a la utilidad de esta legislación. Paradójicamente, quien se ha tomado un momento para leer un poco de la ley a la que nos referimos, notamos que los primeros tres considerandos que se expresan en la misma, hacen referencia a lo que concierne a la promoción y protección del patrimonio cultural y artístico dominicano, algo que sin duda resulta risible en todo ser pensante nacido en esta media isla, y que haya visto una sola película costeada con dinero estatal.

Si la ley de cine fundamenta su existencia en preservar el patrimonio cultural, falló desde el primer día de su promulgación, ya que en la República Dominicana no se ha realizado una sola película u obra audiovisual que cumpla con ese objetivo. De las decenas de “producciones criollas” exhibidas hasta la fecha, lo único que no se podría negar en esta mal llamada industria cinematográfica, es que la mediocridad entre película y película no parece tener limites.

Guiones sin una estructuración coherente, que básicamente son mediocres copias criolliollizadas de películas extranjeras, “directores de cine” sin capacidad para contar una idea, mucho menos para jugar con luz y sonido de forma aceptable, todo contado desde los gritos, ademanes y las ridículas situaciones que en el país se conocen como comedias.

Es imposible hablar de cine dominicano y mediocridad, sin hacer mención de personas que a pulso de adocenamiento se han ganado un lugar en la “industria”. La ley de cine trajo consigo una serie de individuos sin ningún tipo de preparación o talento, pero eso si, hábiles y bien conectados, que han sabido sacarle el jugo al negocio.

Hablemos del caso de Roberto Ángel Salcedo (Robertico), aquel presentador de televisión hecho a la mala por tradición familiar, que no solo se conformó con aportar su granito de arena a la decadencia del entrenamiento televisivo, sino que también llegó a poner sus esfuerzos en la cualquirización del teatro, y que hoy debería dar cursos y talleres en el mundo entero, para enseñar como escribe, produce, protagoniza, dirige, le hace la post,  y vende una película en un mes.

Otro caso que resulta particularmente interesante es el de un tal Archie López, el cual tiene entre sus créditos obras como “Lotoman” (la saga),  y “Tubercuo Gourmet”. Debo admitir que no he visto ninguna de estas películas, ya que al intentar verlas para hacerme una opinión más acabada, en los primeros minutos siempre me atacó ese mal, llamadó “vergüenza ajena”, y me fue imposible pasar de las primeras escenas.

En el país existen otros cuantos “directores de cine” que carecen del talento como los antes mencionados, pero al igual que estos han sabido hacer muy buen dinero llevando porquería a la pantalla grande, como es el caso de Alfonso Rodríguez, Juan Basanta, entre otros más jóvenes, que siguen la misma linea.

Mafia y tráfico de influencias

El cine dominicano no solo funciona como una mafia legalizada en detrimento del Estado, sino que dentro del mundillo de la “industria” también se han conformado submafias en las diferentes áreas que le dan forma al mercado cinematográfico. La más organizada de estas hampas es la que concierne a los dueños de salas de cine (los cuales en el país no son más de dos), no solo porque la ley por si misma les otorga cuantiosos beneficios, sino porque también imponen sus ganancias para la proyección de las producciones locales, siendo muchas veces los reales ganadores del juego.

Nadie en realidad se ha preguntado por que el esposo de la directora de Dirección General de Cine (DGCINE), Yvette Marichal, quien es un ” actor” de poca monta, es de los que más “trabaja” ?….A mí me llama a suspicacia. 

Otra cosa que no parece justa, aunque en lo personal creo que es costumbre dominicana jugar de esa manera, es que los directores de casting (los que buscan a los actores para las películas), también son managers o representantes de actores, y sin importar si su actor cae o no dentro de las características de un personaje, terminan dándoles el papel.

Para evitar seguir abundando en las intrioridades y las distintas aristas de está “industria” que pagamos todos, y de la que solo un grupo se beneficia, quisiera cerrar esta publicación indicando que somos muchos los que entendemos que esta ley debe ser derogada, ya que la misma no es más que vil robo al país, y no cumple ningún rol para la sociedad, más que alimentar a un grupo de parásitos que hace tiempo vienen chupando la teta del Estado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Profesional de diferentes campos (Comunicación, Periodismo, Marketing, Derecho & Relaciones Internacionales), con experiencia en medios de comunicación de todos los formatos. Interesado en temas ligados a la innovación, marketing, economía, política, derecho, y las diferentes temáticas que hoy impactan el mundo. Actualmente Consultor-Jefe de MDR Comunicación & Director en Magia Media.

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