RD 2026: Entre la Eficiencia Administrativa, el Blindaje Fronterizo y el Laberinto Fiscal

"Modernización burocrática, blindaje fronterizo y equilibrio fiscal definen la hoja de ruta de la República Dominicana para el próximo año. Mientras el país estrena una estructura estatal más ágil, la sostenibilidad económica se mantiene bajo vigilancia ante un presupuesto 2026 que pone a prueba el límite del endeudamiento soberano."

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Manuel De Jesús Ruiz

12/20/20253 min read

Al cierre de este diciembre de 2025, la República Dominicana se encuentra en una encrucijada histórica como pocas veces la hemos visto antes. El Gobierno de Luis Abinader agota los últimos días del año intentando consolidar un legado de transformación institucional, mientras lidia con las presiones externas de una crisis haitiana sin precedentes y una estructura presupuestaria que, aunque resiliente, muestra señales de agotamiento por el peso de la deuda.

En tal sentido, si hacemos un análisis a profundidad, los tres ejes que definirán la estabilidad nacional en el próximo ciclo anual serán los que claramente perfilan el final de este 2025.

En primer lugar, el ambicioso plan de “Modernización del Estado” ha pasado de la teoría a la ejecución forzosa. La posible fusión de los ministerios de educación (MINERD) y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), y la reestructuración de dependencias duplicadas han marcado un hito en la administración pública dominicana.

Según voces autorizadas, y colegas analistas, la digitalización bajo el programa "Burocracia Cero" ha logrado reducir los tiempos de respuesta en trámites críticos en un 45%, algo que pudiera ser discutible, según el tipo de instituciones que se mire.

La unificación de nóminas ha generado una fricción interna considerable. El reto para 2026 será demostrar que esta "dieta estatal" se traduce en servicios públicos de mayor calidad y no solo en un ahorro contable.

En cuanto a la política migratoria dominicana, ha alcanzado un nivel de endurecimiento nunca antes visto. Bajo la premisa de la seguridad nacional, el operativo de repatriaciones masivas busca estabilizar un mapa demográfico alterado por la porosidad ya endémica e histórica de nuestra frontera.

Con el sistema de vigilancia perimetral operando al 90%, el flujo migratorio irregular se ha visto contenido en los puntos críticos, a saber de las autoridades dominicanas. No obstante, el "tráfico hormiga" persiste a través de las brechas de corrupción en los mandos bajos.

Como era de esperarse, sectores como la construcción y el banano en la Línea Noroeste reportan una ralentización en su productividad debido a la salida de mano de obra extranjera. "Estamos ante el fin de una era de mano de obra barata; la mecanización es el único camino", señalan líderes del sector empresarial en algunos medios nacionales.

Por su parte, el Congreso Nacional ha clausurado su legislatura con la aprobación de un Presupuesto 2026 que pone a prueba la solvencia del país. Con un déficit proyectado que se cubrirá mediante la emisión de RD$ 400,000 millones en deuda, la sombra de una reforma fiscal integral (postergada por razones políticas) vuelve a oscurecer un ya sombrío panorama.

El dato más alarmante para los economistas es que el 22% de los ingresos fiscales se destinará exclusivamente al pago de intereses.

A pesar del ajuste, el Gobierno mantiene la apuesta por el Monorriel de Santiago y la Línea 2C del Metro, obras que se consideran vitales para sostener el crecimiento del Producto Interno Bruto por encima del 5%.

El clima político de diciembre de 2025 sugiere que la luna de miel con las reformas ha terminado. La población, aunque valora la transparencia, empieza a mostrar impaciencia por el costo de la vida y la inseguridad.

Así pues, República Dominicana entra al 2026 con un Estado más ágil pero más presionado. La capacidad de convertir el ahorro de las fusiones en alivio para el bolsillo del ciudadano será la verdadera prueba de fuego para la gobernabilidad en los meses por venir.